¿Qué imaginás que sucede cuando el vino y la alta cocina se dan la mano al pie de los Andes? Pasa algo como lo que viví en Rosell Boher Lodge con su nuevo menú 2025. Viví el avance del menú que se lanza esta nueva temporada, donde cada plato tiene alguna sorpresa, y cada vino armoniza sin vueltas. ¿Te gustaría descubrir los detalles? ¡Spoiler alert!
Cuando me toca hacer de anfitriona, me lo tomo en serio. Mendoza es mi casa, y si voy a recibir a alguien, quiero que viva la mejor versión de mi tierra. Esta vez, la invitada de honor fue Corina, periodista gastronómica que llegó desde Panamá, con quien forjé una amistad en un reciente fax press en Bangkok. Allí compartimos trayectos en moto-taxi (larga historia), y ahora, un mes después, la aventura nos trajo a la precordillera mendocina, listas para probar en primicia el nuevo menú de Rosell Boher Lodge.

El Lodge no necesita presentación entre los amantes del buen vivir: un oasis entre viñedos, con suites y casas privadas que miran a la montaña y un restaurante que hace culto a la gastronomía de terroir. Su cocina, a cargo del gerente gastronómico Matías Aldasoro, y el chef Emiliano Gasque, es un homenaje a la estacionalidad, con productos locales y técnicas refinadas. Con Matías Aldasoro como gerente gastronómico y el jefe e cocina Emiliano Gasque, las expectativas eran altas. Y no defraudaron.
El restaurante de Rosell Boher Lodge es una mezcla perfecta de elegancia y calidez. La decoración es hogareña, con detalles de arte, en donde se integra armoniosamente el paisaje de viñedos y montañas con sus grandes ventanales. La música suave y el servicio impecable crean un ambiente relajado, ideal para disfrutar de una comida larga y placentera.
La propuesta 2025 mantiene su esencia, pero se reinventa con ingredientes y combinaciones que sorprenden. Al igual que sus precios. Lo bueno de este menú es que te da opciones: podés elegir entrada, principal y postre por $53.500*, o sumar el maridaje con Casa Boher por $63.800*. Para los más osados, hay maridajes premium que elevan la experiencia a otro nivel ($90.000* y $100.000*). Para mendocinos además ofrecen descuentos.
El menú que probamos es una muestra de lo que se viene, previo al inicio del otoño. Empezamos con un aperitivo: un Chardonnay fresco y una focaccia con aceite de oliva de producción propia. Luego, llegó el carpaccio de higos y queso azul de La Linqueñita, un plato que podría ser tanto entrada como postre, y funcionar de maravillas en ambas posiciones. Las avellanas tostadas, las hojas de parra fritas y las escamas de sal le daban un toque crujiente y salado que contrastaba con la dulzura de los higos. Exquisito. Podría pedir bis.

Entre las entradas, el gazpacho de durazno cremoso con azafrán fue ideal para el día caluroso y para ir despidiendo el verano, con tomates de la huerta (incluyendo unos tomates mexicanos morados y verdes). Con el avance del otoño, este plato desaparecerá, para dejar brillar a otro con nuevos ingredientes de temporada. La trucha cocinada a baja temperatura con puré de peras y vainilla fue otro plato destacado. Y también as mollejas de ternera con texturas de remolacha fueron una mezcla súper interesante de sabor, con el plus de una reducción de naranja que lo elevaban todo.

Los platos principales no se quedaron atrás. El magret de pato brillaba con su piel crujiente. El acompañamiento de yogur natural y puré de ciruela pasa era delicioso, con kale crocante y salteado como guarnición. La pasta rellena de queso Zonda de La Linqueñita, con masa de azafrán fue el preferido, otro éxito. La yema de huevo curada y la manteca de salvia le daban un toque especial. El carré de cordero, aunque bien cocido, venía con chauchas y granos de uva.

Los postres fueron un cierre divertido. El crumble de cítricos con cremoso de queso de cabra y tomillo, parecía ser un bombón de limón. El postre de chocolate con merengue de algarroba y ají dulce fue mi favorito: romper la esfera y ver cómo el culis caía sobre el chocolate fue un momento “instagrameable” para que ustedes, mis lectores, mueran de ganas de comer uno. . El tartar de frutillas con espuma de yogur fue ligero, y tenía una placa de merengue con aguaribay.

Además de los sabores, el servicio fue súper correcto: tiempos justos, explicaciones detalladas de cada plato y maridaje, y esa amabilidad que demuestra un cariño implícito por el oficio.

La experiencia dura cerca de 3 horas, probamos casi toda la carta. La interacción con los chefs fue un plus, nos explicaron cada plato con pasión y detalle. Los maridajes con el Chardonnay y el Viognier de Casa Boher fueron los indicados, como así también con el Gran Corte. Cerramos con el espumoso Grande Cuvée Millésime., y con refill a la orilla de la piscina, por supuesto.

Seguro te estarás preguntando cómo terminó todo esto. Pues, ahí estábamos, admirando el atardecer, capturando fotos mientras el cielo se incendiaba sobre las hileras de viñedos, con la majestuosidad de los Andes de fondo. Y para sellar ese momento, nos sumergimos en un jacuzzi, copa de rosé en mano, haciendo juego con el cielo, y un brindis, con el deseo de que estos momentos mágicos se sigan repitiendo.
Si hay un lugar en Mendoza donde la gastronomía y el vino bailan en perfecta sintonía, es este. El nuevo menú de Rosell Boher Lodge es una excusa perfecta para dejarse llevar por los sabores, la hospitalidad y el paisaje. ¿Volvería? Sin dudas.
Rosell Boher Lodge
- Dirección: Rosell Boher Lodge, Mendoza, Argentina.
- Días y horarios: Todos los días, desde desayunos hasta cenas.
- Precios: de $53.500* a $100.000* aprox. Por persona.
- Descuento: 10% para mendocinas de lunes a jueves (mediodía y noche).
*Precios marzo 2025