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Alicia Sisteró

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¿Una bodega en Buenos Aires? Sí, con restaurante y vinos que sorprenden 

Si hace unos años atrás me hubieran dicho que iba a visitar una bodega en la provincia de Buenos Aires, con restaurante y un proyecto inmobiliario enoturístico, probablemente no lo hubiera creído. No por desconfianza, sino porque viniendo de Mendoza, donde se produce más del 70% del vino argentino, la idea de viñedos en una zona tan húmeda como Campana me sonaba poco probable. Pero ahí estaba, un domingo de febrero, dejando atrás la ciudad para adentrarme en un paisaje de lomas verdes y un proyecto que desafía la geografía del vino argentino.

El viaje desde Buenos Aires hasta Bodega Gamboa toma aproximadamente una hora por autopista. Un trayecto sencillo que, con la compañía adecuada, se pasa rápido entre charlas y risas. Apenas desviamos de la ruta, el paisaje cambió: un mar de verde, silencio de campo y la sensación de haber llegado a otro ritmo de vida. Nos recibió Ana Paula Da Cunha, responsable del proyecto enogastronómico, quien nos adelantó que el día incluiría recorrida, vinos en plena elaboración y un almuerzo que ya se perfilaba como épico, a cargo de un chef amigo.

Un viñedo en territorio inesperado

Gamboa no es una bodega cualquiera. Su nombre es un homenaje a la madre de Eduardo Tuite Gamboa, el dueño del proyecto, quien hace 16 años decidió plantar viñedos en estas tierras. ¿El desafío? Adaptar las uvas a un clima mucho más húmedo de lo habitual, aprovechando las lomas naturales del terreno para evitar el exceso de agua y permitiendo que el viento corra entre las plantas para controlar la humedad.

La primera vinificación llegó en 2021 y, desde entonces, han ido aumentando la producción. Hoy ofrecen tres tipos de vinos: los que nacen en su propio viñedo, los que hacen con uvas de otras regiones como Córdoba y los lotes limitados que compra a grandes enólogos “amigos” como Santiago Achával, Karim Mussi y Lorena Mulet. También tienen una cerveza propia, una Grape Ale elaborada con mosto de uva moscatel de Alejandría, y un vermú, bautizado “Puente”.

Porque el vino no es lo único que producen: vermouth, un tardío (del enólogo Agustín Lanús) y cerveza.

La bodega en sí es un galpón de techo a dos aguas, donde el enólogo Gerardo Pereyra y su equipo estaban en plena vendimia cuando llegamos. El ambiente tenía esa mezcla caótica y hermosa de la cosecha: tachos con uvas recién llegadas, aroma a fermentación en el aire y el sonido constante del trabajo en marcha. Entre el ajetreo, Pereyra se tomó unos minutos para hacernos probar vinos directo de los tanques. Un Malbec, un clarete, un Marcellán. “La gente no puede creer que hacemos vino acá”, nos dijo con una sonrisa.

El enólogo Gerardo Pereyra, y la responsable de enoturismo Ana Paula Da Cunha, cálidos anfitriones.

El restaurante: cocina de campo con toques gourmet

Luego de la visita a la bodega, nos dirigimos al restaurante, un amplio salón de techos altos con ventiladores, con un aire industrial. Me recordó a un granero (pero muy chic). Allí, entre el interior y la galería, pueden acomodarse cerca de 100 comensales. El ambiente es cálido y relajado, con grandes ventanales que permiten ver el viñedo mientras se almuerza. Nos atendió Mili, la camarera, y apenas nos sentamos, Ana Paula nos presentó la propuesta gastronómica: una cocina de confort food con guiños gourmet, pensada para acompañar los vinos de la casa.

Jamón crudo y pan caserito.

El almuerzo arrancó con una serie de entradas para compartir. Un chipá relleno de morcilla, empanadas de cordero con salsa criolla levemente picante, una burrata con tomates y alcaparras, y una trucha patagónica curada, con manzana e hinojo, todo acompañado por el rosé de Tanat y Bonarda de la bodega. La combinación de sabores, texturas y maridajes nos mantuvo entretenidas entre bocados y comentarios entusiastas.

Empanaditas con criolla y chipá relleno de morcilla.

Para el plato principal, mi acompañante eligió el pollo ahumado, que había pasado 24 horas en salmuera antes de pasar por la parrilla, mientras que yo fui por la tapa de asado braseada durante 12 horas. Los acompañamientos sumaban frescura y textura: una ensalada de papas y chauchas, y otra con verdes, zanahoria y cebolla. En este punto, cambiamos al Pinot Noir de la casa, un vino con una producción limitada de 600 botellas que recibió 94 puntos de Tim Atkin.

Los principales: la carne braseada y el pollo ahumado, con dos guarniciones.

Antes de que llegaran los postres, probamos el vermouth  “Puente”. Servido bien frío, con su amargor equilibrado y notas herbales, marcó un buen interludio antes del dulce final: una granita de durazno con sopa de frutos rojos y un postre de almendras, chocolate y mascarpone con cerezas.

Los postres no se eligen, te los sirven todos y vos decidís si te los comés.

Detrás de la propuesta gastronómica de Bodega Gamboa está el chef y empresario irlandés Edward Holloway, un nombre que resuena fuerte en la escena culinaria mendocina. Radicado en Argentina desde hace años, Holloway está al frente de cocinas de alto nivel como la de Alfa Crux, el restaurante Hornero en La Morada y Finca Agostino, además de ser uno de los organizadores de la “Wine Fest” de Chacayes, en Tunuyán. Su estilo combina el respeto por el producto con técnicas precisas y una mirada moderna sobre la cocina de fuegos. En Gamboa, su impronta se nota en cada plato: sabores intensos, texturas cuidadas y una armonía natural con los vinos de la bodega.

Un proyecto que crece

Gamboa no es solo una bodega y un restaurante. También organizan eventos como el Encuentro Federal de Vinos, una feria que en 2024 celebró su tercera edición reuniendo bodegas de todo el país. Además, están desarrollando un proyecto eno-inmobiliario llamado “Mi Finca Gamboa”, que permite a quienes lo deseen tener su propia parcela de viñedo.

La experiencia en Bodega Gamboa fue una mezcla perfecta entre lo inesperado y lo auténtico. Un viñedo en territorio improbable, un equipo apasionado, vinos que sorprenden y una cocina que invita a quedarse horas. Y si bien sigue siendo extraño para mí, mendocina de nacimiento, ver viñedos en Campana, hay algo en este proyecto que se siente genuino, como esas ideas locas que terminan funcionando.

Pinot Noir 2022 premiado: 94 puntos de Tim Atkin en 2024.

Bodega Gamboa – Restaurante Casa Gamboa

  • Dirección: A. Porto 2426, Campana, Buenos Aires (Ruta 9, km 67,5).
  • Horarios: Martes a domingo. Eventos nocturnos con reserva previa.
  • Propuesta gastronómica: Menú de 3 pasos con opciones de maridaje.
  • Precios: Menú: $64.000* | Maridaje: entre $30.000 y $40.000 aprox.
  • Vinos: Elaborados en la bodega con uvas propias o de otras regiones. Producciones limitadas.
  • Opciones especiales: Menú para celíacos, vegetarianos y veganos.
  • Reservas: A través de su web o redes sociales.
  • Chef: Edward Holloway

*Precios febrero 2025

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